Servicio, silencio y el largo después: violencia familiar en la Fuerza de Defensa de Australia

El 22 % de los miembros en servicio y el 29 % de quienes dejaron la ADF declararon exposición a violencia de pareja. Por qué la vida militar retrasa la denuncia, y a quién no escucharon los datos.

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Un par de botas militares negras sobre el césped.
Foto de Nastia Petruk en Unsplash

English version: Service, Silence and the Long Afterward: Family Violence in the Australian Defence Force


Parte 3 de la serie «Nunca es demasiado tarde»

Introducción

Las dos primeras partes de esta serie plantearon un argumento general: la demora en denunciar la violencia doméstica es previsible, y un testimonio dado años después sigue contando. Esta parte pone a prueba ese argumento frente a una institución concreta.

La Fuerza de Defensa de Australia (ADF, por sus siglas en inglés) es un caso útil porque su estructura hace visibles los mecanismos. La vida militar genera presiones particulares sobre las familias —despliegues, traslados, exposición al trauma— y razones particulares para guardar silencio. Muchas de esas razones están ligadas a la carrera del militar. Cuando la carrera termina, el cálculo cambia.

Este artículo trata sobre la violencia familiar y doméstica y la violencia de pareja. La conducta sexual indebida en el ámbito laboral de Defensa es una cuestión relacionada pero distinta, que se aborda brevemente al final.

Desarrollo

Lo que muestran los datos

La evidencia australiana más detallada proviene del Programa de Investigación sobre Transición y Bienestar (Transition and Wellbeing Research Programme), un amplio estudio sobre miembros de la ADF y sus familias realizado en 2015 para el Departamento de Defensa y el Departamento de Asuntos de Veteranos (DVA). Los análisis secundarios publicados en 2023 encontraron que declararon exposición a violencia de pareja en su relación actual:

  • el 29 % de los miembros que habían dejado la ADF regular entre 2010 y 2014
  • el 22 % de los miembros en servicio activo a tiempo completo
  • el 46 % de las parejas de los miembros que habían dejado el servicio
  • el 24 % de las parejas de los miembros en servicio activo

El abuso emocional fue la forma más declarada, seguida del abuso físico. Las tasas de exposición declarada fueron similares entre hombres y mujeres, tanto en los miembros en servicio como en los que habían dejado el servicio.

Otro componente del programa, el Estudio de Bienestar Familiar (Family Wellbeing Study), utilizó un umbral más estricto y encontró cifras generales más bajas, pero en la misma dirección: las parejas de exmiembros declararon violencia de pareja en una proporción más del doble que las parejas de miembros en servicio (8,4 % frente a 3,1 %).

Los servicios especializados para personas sin hogar aportan datos más recientes. En 2024–25, alrededor de 1.500 usuarios de esos servicios eran miembros actuales o anteriores de la ADF. Casi uno de cada cuatro (23 %) había vivido violencia familiar y doméstica, y uno de cada diez la señaló como el motivo principal para pedir ayuda. Un análisis anterior con datos vinculados, que abarcó de 2011 a 2017, encontró que más de la mitad de las exmiembros que utilizaron servicios para personas sin hogar necesitaban apoyo por violencia doméstica y familiar.

Factores de riesgo y de protección

Las tasas más altas de exposición a violencia de pareja, tanto en miembros como en sus parejas, se asociaron con dificultades económicas y con exposición al trauma. La conexión social y el acceso a recursos se asociaron con tasas más bajas.

Un análisis más acotado examinó a los exmiembros que ejercieron violencia, a partir de unas 265 parejas con datos vinculados. Proporciones elevadas de esos exmiembros declararon consumo nocivo de alcohol (69 %), ideación suicida (63 %), depresión (59 %) y trastorno de estrés postraumático (58 %). Estas cifras describen a quienes ejercieron la violencia, no a quienes la sufrieron, y muestran asociación, no causalidad. Los problemas de salud mental ayudan a explicar el riesgo; no trasladan la responsabilidad.

La investigación también identifica factores propios de las familias militares:

  • La separación y la reintegración en torno a los despliegues.
  • Los traslados frecuentes, que pueden aislar a las parejas de sus propias redes y hacerlas económicamente dependientes del militar.
  • El trauma vivido durante el servicio.
  • La cultura institucional. El Instituto Australiano de Salud y Bienestar (AIHW) señala que el entorno militar ha sido descrito como hipermasculino, un entorno en el que pedir ayuda corre el riesgo de interpretarse como debilidad, una norma que refuerza el estigma y la falta de denuncias.

Barreras para revelar la violencia

La investigación sobre familias de veteranos identifica razones para el silencio propias del contexto militar:

  • La dependencia económica, de vivienda y de salud respecto del militar.
  • La reputación del militar dentro de las fuerzas armadas.
  • La posibilidad de que el militar sea degradado o dado de baja, y de que la familia pierda los beneficios asociados al servicio.

Cada una de estas razones vincula la seguridad de la pareja a la carrera del militar. Denunciar supone arriesgar los ingresos, la vivienda y la cobertura de salud de los que depende la pareja.

La respuesta institucional

Tres estrategias gubernamentales enmarcan la respuesta. La Estrategia de Defensa para Prevenir y Responder a la Violencia Familiar y Doméstica 2023–2028 compromete a Defensa a coordinar su respuesta a la violencia familiar y doméstica, a ofrecer a las víctimas-sobrevivientes planes de seguridad y derivación a servicios especializados, a responsabilizar a quienes ejercen la violencia y derivarlos a servicios para agresores, y a capacitar al personal para reconocer y responder a este tipo de violencia. La Estrategia del DVA sobre Violencia Familiar y Doméstica 2020–25 abarcó a la comunidad de veteranos durante el mismo período. Desde entonces, Defensa y el DVA han publicado una Estrategia de Bienestar para las Familias de Defensa y de Veteranos 2025–2030 conjunta, que aborda de forma más amplia el bienestar de las familias de militares en servicio y de veteranos.

Entre los apoyos prácticos se encuentran:

  • La Línea de Ayuda para Miembros y Familias de Defensa (Defence Member and Family Helpline, 24/7), que puede ayudar a las víctimas-sobrevivientes a elaborar un plan de seguridad para sí mismas y sus hijos.
  • El Programa de Alojamiento Especial de Emergencia de Defensa (SAFE), que puede ofrecer alojamiento temporal en una casa segura cuando un miembro de la familia decide irse o durante una crisis.
  • Open Arms – Servicio de Orientación para Veteranos y Familias, apoyo gratuito y confidencial para personal en servicio y exmiembros y sus familias, incluidos los asuntos de pareja y familia.

Análisis

Al leer esta evidencia desde la perspectiva de la serie surgen tres puntos.

Primero, las barreras para revelar la violencia están ligadas a la carrera, por lo que es probable que la revelación se retrase. La dependencia, la reputación y el temor a la baja están todos ligados a la continuidad en el servicio. Mientras el servicio continúa, el costo de denunciar es máximo. Tras la transición a la vida civil, parte de esos costos desaparece. Es coherente con este patrón —aunque los datos no pueden demostrarlo— que las parejas de exmiembros declaren violencia de pareja en tasas notablemente más altas que las parejas de miembros en servicio. La transición puede ser a la vez un período de mayor riesgo, dadas las presiones económicas y de salud mental documentadas en torno a ella, y un período en el que revelar la violencia se vuelve posible. En cualquier caso, es un momento en el que el testimonio "años después" se vuelve probable.

Segundo, la base de evidencia es antigua y limitada en aspectos concretos. Las principales cifras de prevalencia datan de 2015. La herramienta de detección utilizada, el Woman Abuse Screening Tool, no capta el abuso económico, el acoso ni el control coercitivo: las formas de daño que hoy ocupan un lugar central en la comprensión de la violencia de pareja, y las mismas que, como mostró la Parte 2, los estados australianos apenas ahora están tipificando como delito. Los resultados provienen además principalmente de militares varones y sus parejas mujeres.

Tercero, las personas con más probabilidades de denunciar tarde son justamente las que la investigación no consultó. Las preguntas sobre violencia de pareja del programa de 2015 solo se hicieron a personas con una relación actual. Las parejas solo se incluyeron si el militar aceptaba que se las contactara, y las exparejas quedaron excluidas. Ese diseño deja fuera exactamente al grupo que ocupa a esta serie: personas que han dejado la relación, a menudo cuando la carrera del militar ya no es un condicionante, y que quizá ahora estén preparadas para contar lo que ocurrió. Sus testimonios no están en las cifras principales. Por eso, las cifras anteriores deben leerse como un mínimo, no como un máximo.

Aquí es donde el argumento de la Parte 1 se vuelve concreto. Investigadores y responsables de políticas solo pueden trabajar con los testimonios que reciben. En el contexto de la ADF, los testimonios que faltan son identificables —exparejas y militares que vivieron violencia y ya dejaron el servicio—, y cada testimonio dado tarde, ya sea a un servicio, a un investigador o a la policía, reduce esa brecha.

A efectos de denuncia, la violencia ejercida por un militar en servicio es un asunto penal que corresponde a la policía del estado o territorio, y se aplican las normas australianas de prescripción y las leyes sobre control coercitivo expuestas en la Parte 2.

Una nota sobre la conducta sexual indebida

La conducta sexual indebida en la ADF es un problema sistémico documentado, y la Comisión Real sobre el Suicidio en Defensa y entre Veteranos la examinó en su informe final de 2024. Es distinta de la violencia familiar y doméstica cuando ocurre en el ámbito laboral entre compañeros. Pero las categorías se superponen: la violencia sexual ejercida por una pareja es una forma de violencia de pareja, y la investigación de 2015 preguntó directamente sobre ella. La Oficina de Prevención y Respuesta ante la Conducta Sexual Indebida de Defensa (SeMPRO) ofrece apoyo confidencial a los miembros y sus familias afectados. Un artículo futuro podría examinar ese sistema en sus propios términos.

Conclusión

La evidencia de la ADF confirma el patrón que esta serie ha trazado. La violencia familiar en los hogares militares es frecuente, y la estructura de la vida militar eleva tanto el riesgo como el costo de hablar de ella. Esos costos están ligados al servicio, por lo que tienden a disminuir solo cuando el servicio termina, lo que significa que muchos testimonios llegarán tarde, si es que llegan.

La respuesta institucional es real: estrategias de Defensa y de veteranos, una línea de ayuda las 24 horas, alojamiento de emergencia y orientación para familias actuales y anteriores. Lo más débil es el registro. El principal conjunto de datos tiene una década de antigüedad, no capta las formas de abuso que hoy se consideran centrales y no escuchó a las exparejas.

Esa brecha no se corrige solo con el diseño de la investigación. Se corrige con testimonios, incluidos los que se dan años después.


Si necesita apoyo

Emergencias: 000 · Defence Member and Family Helpline (24/7): 1800 624 608 · Open Arms – Veterans & Families Counselling (24/7): 1800 011 046 · Safe Zone Support (anónimo, 24/7): 1800 142 072 · 1800RESPECT: 1800 737 732

Fuentes